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sábado, 21 de julio de 2012

El comunismo es derrotado en España

Tomado de: "Derrota Mundial" - Salvador Borrego E.

Después de una profunda infiltración masónica en la maquinaria gubernamental, el comunismo sacudió a España el 11 de mayo de 1931 con actos terroristas contra las iglesias de las principales ciudades. Ante ese clima de alarma e inseguridad -precursor de la Revolución Mundial marxista- el rey Alfonso XIII dimitió y el poder quedó en manos del primer ministro Alcalá Zamora, sefardita, quien por una parte asistía a misa los domingos  tranquilizaba así a la masa católica y por la otra solapaba a la infiltración roja.

Dos años más tarde Francisco Largo Caballero celebraba un pacto con el embajador soviético, Rosenberg, y a continuación llegaban a España agentes comunista como Ilya Ehrenburg, Primakoff, Goreff Rose Skoblensky, Aralink Tupolyew, Vladimir Bischitzky, Bela Kun, J. Kolzov Grinburg Friedlander, J.Miratvilles, Stillermann, Samuel Fratkin, Shapiro y otros, muchos de ellos judíos disfrazados de rusos. Además, se dedicaban a obtener armas en el extranjero, para los rojos españoles, Lourie Fuchs, Adler, Zibrowki, Merkas, y Wall. El judío francés León Blum facilitaba la producción de armas en España y el paso de oficiales soviéticos, hasta que en octubre de 1934 hubo un levantamiento procomunista en Asturias.

Por otra parte, Gil Robles organizaba a un sector anticomunista en la Confederación Española de Derechos Autónomos, y José Antonio Primo de Rivera ponía en pie a la juventud contra el bolchevismo. El diputado Cano López reveló (febrero 15 de 1935) cómo la masonería reblandecía la disciplina en el ejército y propiciaba los desórdenes comunistas. Pero la conjura siguió avanzando y en mayo del año siguiente subió el maestro grado 33 Manuel Azaña, que dio apoyo a los rojos. En 4 meses fueron incendiados 170 templos, 69 clubes y 10 periódicos; murieron en actos de terrorismo 269 personas y 1,287 quedaron heridas; estallaron 113 huelgas generales y 218 huelgas parciales. El famoso político José Calvo Sotelo denunció en las Cortes que el país estaba siendo empujado hacia el comunismo y pidió que se restableciera el orden. El Gran Oriente reunido en Ginebra acordó que se liquidara a Calvo Sotelo, el cual horas después fue aprehendido y fusilado.

A los tres días de ese asesinato estalló la rebelión anticomunista del ejército (julio 17 de 1936) donde pese a la infiltración roja había todavía un baluarte de nacionalismo. El general Sanjurjo murió cuando iba a acaudillar el movimiento y entonces quedó al frente de éste el general Francisco Franco.

El creador de la Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, había sido aprehendido meses antes en Madrid  y el régimen comunista de Azaña mandó fusilarlo al estallar el levantamiento de Franco. En su testamento José Antonio desmintió a las agencias cablegráficas internacionales que le atribuyeron críticas contra las fuerzas africanas de Franco: "Yo no puedo injuriar a unas fuerzas militares que han prestado a España en África heroicos servicios... Condenado ayer a muerte, pido a Dios que si todavía no me exime de llegar a ese trance me conserve hasta el fin de la decorosa conformidad con que lo preveo y, al juzgar mi alma, no le implique la medida de mis merecimientos, sino la de su infinita misericordia".

El Presidente Azaña (de quien Mauricio Karlavilla dice que era homosexual y que el comunismo lo tenía en sus manos mediante el chantaje) era asesorado por el embajador soviético Rosenberg. En Barcelona actuaba abiertamente el cónsul Antonoff Avsceko distribuyendo armas entre los milicianos rojos, en tanto que agentes de Moscú organizaban las "chekas" para eliminar oposicionistas y aterrorizar a la población. Siete mil sacerdotes, incluso 12 obispos, iban a caer asesinados junto con millares de jóvenes nacionalistas, según estadísticas de monseñor Antoniutti, nuncio apostólico en España.

Antes de que se libraran grandes batallas la atención se centró en el Alcázar de Toledo, donde el coronel José Moscardó resistía con mil hombres el sitio de doce mil rojos que dominaban la ciudad. El jefe de los sitiadores hizo enlazar las líneas telefónicas y le habló al coronel Moscardó: "Le exijo -manifestó- que rinda el Alcázar en un plazo de diez minutos, y de no hacerlo así fusilaré a su hijo Luis que lo tengo aquí en mi poder... Para que vea que es verdad, ahora se pone su hijo al aparato". El coronel Moscardó oye la voz de su hijo, de 17 años, y le pregunta: "¿Qué hay, hijo" - "¿Que dicen que me van a fusilar si no rindes el Alcázar"...

El coronel Moscardó le contesta: "Pues encomienda tu alma a Dios, da un grito de ¡Viva España! y muere como un patriota"... "Un beso muy fuerte, papá"... exclama Luis.

El jefe comunista vuelve a tomar el aparato y el coronel Moscardó le dice: "Puede ahorrarse el plazo que me ha dado, puesto que el Alcázar no se rendirá jamás".

Poco después Luis era fusilado en un suburbio de Toledo, casi a la vista del Alcázar donde su padre seguía combatiendo.

Después de dos meses y seis días de sitio, el Alcázar convertido parcialmente en ruinas fue liberado con la llegada de las tropas franquistas del general Varela y se convirtió en un símbolo de la contienda que iba a costar cerca de un millón de vidas.

Como el movimiento nacionalista español se oponía a la "Revolución Mundial" todos los gobiernos masónicos se apresuraron a condenarlo. En Estados Unidos se formó el "Comité de Norteamérica para la Ayuda a la Democracia Española", encabezado por el rabino Louis Mann y por el famoso judío Albert Einstein. Luego la Conferencia Central de Rabinos de Estados Unidos se reunió el 30 de mayo (1937) en Colombo, Ohio, y declaró: "Esta Conferencia expresa su vigorosa condenación de los insurgentes españoles". A la vez el rabino Stephen Wise abogaba públicamente por los comunistas españoles y el judío americano Herbert L. Matthews, del "New York Times", se trasladó a España para cablegrafiar crónicas favorables a los rojos (como lo hizo 20 años después a favor de los comunistas en Cuba). La central obrera americana C.I.O., dirigida por los líderes judíos Hillman, Gold y Dubinski, promovió la formación de la brigada "Abraham Lincoln", que llevó 3,200 hombres a pelear por el comunismo en España, incluso al hijo del rabino Levinger.  En el bando marxista español figuraban como delegados de Moscú los judíos Neuman y Margarita Nelken, y la asociación Hispano-Hebraica lanzó una proclama pidiendo que en cada país y en cada ciudad se creara "un comité de ayuda al pueblo republicano español que lucha por la fraternidad universal". Muchos liberales españoles quedaron ubicados en el bando de los rojos, aunque propiamente no eran comunistas.

La URSS enviaba armas, peritos y "brigadas internacionales" a España. Por su parte Mussolini envió un ejército a  ayudar a los nacionalistas, en tanto que Hitler anunciaba en Nurenberg: "Es muy cierto que podríamos arrellanarnos en nuestros sillones, diciendo: que maten a sus oficiales, que asesinen a sus sacerdotes y a sus intelectuales; es cosa que no nos incumbe. Pero sólo con mentalidad de niño se podría asumir esa actitud. No vivimos en la Luna; lo que ocurre en Europa nos interesa". Y consecuentemente le mandó a España una flota aérea de combate, la Legión Cóndor con 18,000 hombres entre pilotos y soldados a dar apoyo a los anticomunistas.

Roosevelt se hallaba entonces en molesta situación. Era el impulsor de la Revolución Mundial y anhelaba la comunización de España, pero esto lo repudiaba la opinión pública americana, y como Roosevelt necesitaba votos para sus reelecciones, no podía actuar abiertamente, aunque España se perdiera para la causa marxista.  El grupo rooseveltiano luchaba por retener el poder a fin de acudir en defensa de la URSS cuando Hitler descargara su inminente ofensiva antisoviética. Entretanto Roosevelt sacrificaba lo menos por lo más.

John M. Cowles, masón de Washington, enviaba fondos a sus hermanos de España y les explicaba que la masa católica norteamericana era todavía un obstáculo muy grande para intervenir en España: "Si los católicos votan en masa por los demócratas, vencen, y si no votan por los republicanos, vencen también. Al menos este es el caso general por lo que ambos partidos políticos hacen continuamente lo que pueden por conseguir el voto de los católicos". Esa fue la causa de la neutralidad de Washington durante la guerra de España.

Y sin el apoyo de Washington, el comunismo internacional fue vencido en su intento de dominar a España.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Interesante texto, como todo lo que escribe Don Salvador.