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miércoles, 4 de julio de 2012

S. Borrego, una buena cabeza

Extracto de la tesis Salvador Borrego Escalante, un escritor conservador del siglo XX.
Jasso Espinosa Miguel Ángel: "Salvador Borrego Escalante, un escritor conservador del siglo XX", Tesis de Doctorado en Ciencia Política por la FCPyS UNAM, 2012. México.

Corría el año 2001, cuando el escritor Salvador Borrego Escalante me refirió la forma en que 65 años atrás (1936), se originó el punto de intersección entre su trayectoria periodística y la de quien sería su maestro: Miguel Ordorica Castillo.
Borrego Escalante, me indicó cómo la sinergia con la cual trabajó con su maestro se debió a múltiples factores: con 50 años a cuestas, Miguel Ordorica era un hombre práctico: aceptó de muy buena gana al joven de 21 años que se disponía a ser su ayudante. La cantidad estrepitosa de información que se generaba respecto de la Guerra Civil Española, era un motivo suficiente para que don Miguel Ordorica estuviera preocupado en la asignación de tareas específicas de sus colaboradores; el tiempo apremiaba y no se podía dar el lujo de revisar absolutamente todo por él mismo. En la mesa de redacción, Salvador Borrego le resulta eficaz: no cambia sus ideas cuando le ha propuesto un encabezado para el vespertino. Borrego “mide” las ideas de Ordorica en números de letras y tipos móviles, ajustándose a la idea original.
Pero no solamente fue la buena disposición de Salvador Borrego para seguir al pie de la letra todas las indicaciones de Ordorica; seguramente, lo que más ayudó a la empatía, fue el hecho de que ambos hubieran pertenecido al ejército mexicano. De esta última suerte, para Salvador Borrego era frecuente que don Miguel lo tratara como a un cadete. Por lo demás, si el tema principal de Últimas Noticias de esos días era la Guerra Civil Española, para un viejo militar ¿quién mejor para platicar?
Sin embargo, trabajar para un viejo lobo de mar no es tarea fácil. A menudo, lo que más dificulta la relación de trabajo es la sordera casi absoluta de Ordorica, ésta última a veces lo conduce hacia estallidos de cólera. Pero don Miguel, que sabe leer los labios, encuentra afables las respuestas de Salvador Borrego, y al paso de los meses, fue apreciando a su novel ayudante con tanta deferencia que lo distinguió transmitiéndole sus conocimientos de periodismo.
En esta etapa en la que se originó el punto de intersección entre las vidas de Salvador Borrego y Miguel Ordorica, hay que sumar la naciente relación de trabajo y amistad entre Ordorica y Salvador Novo.
En uno de los libros de Salvador Novo que componen la serie La vida en México en los periodos presidenciales que van de 1934 a 1970, se leen las siguientes referencias respecto de esa naciente amistad:
Don Miguel Ordorica. Su recuerdo se asocia a la época de mi más bullente actividad periodística, emprendida bajo la presión de su guía. Por 1937 acababa yo de iniciar una sección en el recién nacido Hoy; y Luis Amándola (q.e.p.d), quien también escribía en la revista, me dijo que don Miguel Ordorica, con quien él había trabajado en La Prensa, quería hablar conmigo. Fuimos a verle. Acababa él de fundar Últimas Noticias de Excélsior; y me propuso que escribiera los “Perifonemas”; un día sí y otro no porque alternaría: primero con Barba Jacob; y cuando éste murió, por entonces, con Aldo Baroni.
Empezamos. Yo acababa de abrir una oficina en Morelos 80, muy cerca de Excélsior y de la casa de Bucareli de don Miguel; y vivía en Pánuco, no todavía en estos destierros coyohuacas. Siempre me he levantado muy temprano, y llegaba a mi oficina a las ocho. Ya me aguardaba un office boy con el memorándum de los temas que, inspirados en las noticias de los periódicos matutinos (ya para esa hora revisados todos, lápiz rojo en mano, por don Miguel), él trazaba. Las dos cuartillas y media salían de la máquina 1938 en exactamente treinta y siete minutos y medio; volaban a Excélsior, y a las dos horas circulaban por toda la ciudad.Poco a poco, don Miguel fue ganándome a más trabajo. Fue suya la idea de capitalizar la inclinación que en mí descubría por las frases breves y punzantes, y de hacer con ellas una sección diaria de primera plana que me dejó en libertad de redactar como yo quisiera, y de bautizar con el nombre extraño de “Side Car”. Otra sección, “Hojas”; y mayor frecuencia en mi autoría de los “Perifonemas”; en que tanto cuidado ponía, acabaron por ocupar toda mi dedicación cerca de aquel periodista fascinante, contundente, jupiteriano en sus explosiones de cólera, de quien empecé a saber una historia limpia e inflexible comenzada en el porfirismo, continuada en La Habana y en Nueva York.<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]-->
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 Si bien en estos datos se puede observar el empeño de Novo para denotar el origen de la amistad con “aquel periodista fascinante, contundente y jupiteriano en sus explosiones de cólera”, como era don Miguel Ordorica, además Salvador Novo ofrece otros datos con los que conocemos que durante el periodo de 1937 a 1939, Salvador Borrego Escalante formó parte del equipo de colaboradores que trabajaban para Novo en la mencionada “oficina de Morelos 80”.
En esencia se trató de un equipo de jóvenes periodistas que el cronista bautizó como El Buró Fantasma y, de acuerdo a lo manifestado en su producción periodística, solían reunirse en su oficina ubicada en la calle de Morelos 80, para formar un archivo de recortes bien clasificado que al tiempo se convertía en el material indispensable de La Semana Pasada, sección anónima para el semanario Hoy.
En el libro La Vida en México en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas,<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]--> se puede leer en el prólogo escrito por el propio Salvador Novo, sus referencias nítidas de cómo “capturado por el periodismo más urgente”, desde 1937, cuando empezó a escribir su sección titulada La Semana Pasada:
Requirió de la ayuda de un grupo de reporteros jóvenes que organizaran la morgue de recortes, buscaran el dato necesario, reportearan. Y dado que el estilo de La Semana Pasada atraía a muchos jóvenes periodistas a imitarlo, fue relativamente fácil abrir una oficina en Morelos 80, y dotarla de máquinas, archivero, teléfono, libros de consulta –que llamaron alegremente– El Buró Fantasma. El Buró Fantasma –apunta– perseguía formar un archivo de recortes bien clasificado que permitiera en cualquier momento documentar un asunto. Y una biblioteca de consultas rápidas y completas de cuanto pudiera ofrecerse. La idea de los free lance writers americanos, y la del ghost writers bureau. <!--[if !supportFootnotes]-->[3]<!--[endif]-->
 Acerca de los integrantes de El Buró Fantasma, Salvador Novo se refirió a ellos en diversas ocasiones. En 1954, discurriendo en torno a la utilidad de las máquinas Remington, hizo una referencia al grupo. Pero fue hasta el año de 1956 cuando Salvador Novo escribió las notas más amplias acerca del origen de la sección La Semana Pasada y detalló con mayor amplitud que El Buró Fantasma estaba integrado entonces con la colaboración de amigos jóvenes que empezaban en el periodismo: “Alfredo Kawage, Jorge Piñó Sandoval, Salvador Borrego, Xavier Martínez. Y todos, con la visita frecuente y sabia de José Gómez Robleda”.[4]
De esta etapa, acerca de su participación en El Buró Fantasma, Salvador Borrego aseguró que incluso la redacción final de algunas crónicas semanales de La Semana Pasada fueron obras suyas, principalmente durante el periodo específico de 1937 a 1939 cuando frecuentó la oficina de Morelos 80. Esta afirmación de Salvador Borrego parece no ser desmentida por el propio Salvador Novo, ya que, en el año de 1964, cuando escribió el Prólogo a La vida en México en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas, refirió la cuna de sus crónicas semanales:
Firmar, ahora que se recogen en volumen, las crónicas que semana a semana despaché anónimas para la revista Hoy en los años de 1937 a 1940, equivale al gesto –mitad mea culpa, mitad crepuscular beatitud– del padre que en su vejez decide reconocer a sus hijos bastardos y conferirles su apellido.
Traídos de la mano detectivesca que los hurgó, recató, aseó, llegan a reunirse con sus hermanos mayores en esta dilatada, caudalosa familia de papel de mis Obras Completas. Son el fruto (en la medida en que un elote sea un fruto) prieto y granado del contacto asiduo entre un escritor de treinta años y unos años treinta fecundos en solicitaciones políticas de su alerta curiosidad, de sus antipatías, de su disposición a intervenir en la vida de México de la única manera como le fuera dable hacerlo: con reflejar, en un espejo violento, el destello de cada día.
Séame permitido, como presentación en sociedad de estos hijos nuevamente reconocidos, incurrir brevemente en una biografía que establezca su cuna.
Lastimaría ahora la vanidad de los que han llegado a establecerse como prósperos, diestros y arrolladores amos del periodismo actual, si citara sus nombres como los de los cinco o seis muchachos entonces puros y entusiastas que tecleaban las máquinas de El Buró Fantasma y se ejercitaban en uniformar un estilo que nos permitiera relevarnos en la redacción de lo que no llevara la firma de ninguno. El hecho de que lo alcanzaran me hace ahora difícil disociar con precisión la época hasta la cual (o los artículos mismos) lo escrito fuera todo mío, o total o parcialmente de alguno de los “dobles”. <!--[if !supportFootnotes]-->[5]<!--[endif]-->

Respecto de esta etapa, Salvador Borrego me refirió cómo los horarios establecidos por el diario Excélsior, le permitían colaborar en el equipo de trabajo  de Salvador Novo, pero a principios del año de 1939, decidió alejarse de las oficinas de Morelos 80, porque fue, a partir de esa época, cuando los adversarios políticos de Salvador Novo comenzaron a difundir la leyenda negra de la homosexualidad del cronista, que por lo demás, Novo dejó de ocultar.
No obstante que Salvador Novo y Miguel Ordorica seguirían llevando una relación de amistad fructífera (y por la cual fue posible reconstruir parte de la biografía de Miguel Ordorica), Salvador Borrego decidió alejarse definitivamente de Novo. Concretamente, para evitarse confrontaciones innecesarias en el ambiente periodístico, en esa época, marcado culturalmente por la homofobia. Pero Salvador Borrego siempre guardó agradecimiento al cronista, principalmente por haber alentado su carrera como periodista. ¡Y vaya que si Salvador Novo lo hizo en varias ocasiones!
Antes de hacer una mención específica al impulso de Novo a la carrera de Salvador Borrego, conviene referir cómo los gobiernos callista y cardenista trataron a patadas a Salvador Novo; fue expulsado de la burocracia por “el aluvión de izquierdistas acarreados por Lázaro Cárdenas”, ante todo por homofobia, y según lo refirió el propio Salvador Novo, se tomaron como pretexto sus declaraciones adversas al cardenismo:

Cuando el cardenismo me cesó de un puesto que por lo demás desempeñaba bien, me dolió tanto, que hasta la fecha, y ya van buenos diez años, no se me olvida, y en atacar al gobierno encuentro mi pequeño desquite.<!--[if !supportFootnotes]-->[6]<!--[endif]-->

Si bien Salvador Novo escribió varias veces acerca de don Miguel Ordorica, del periodo de finales de la década de los treinta, dejó constancia en lo concerniente a Salvador Borrego:

Miguel Ordorica se llevó a trabajar con él a un muchacho brillantísimo, Salvador Borrego Escalante, uno de los muchos adiestrados en su escuela en las Noticias.<!--[if !supportFootnotes]-->[7]<!--[endif]-->

Salvador Novo tenía mucha razón al escribir estas referencias de Salvador Borrego, puesto que su maestro, Miguel Ordorica –quien poseía el periodístico sentido de las frases contundentes y descriptivas– había logrado transmitir en su discípulo tan peculiar cualidad; de otro modo, no se explica la distinción que hizo Manuel Horta, el titular de Jueves de Excélsior, cuando, al finalizar la década de los treinta, publicó una fotografía de Salvador Borrego con el siguiente pie de foto:

S. Borrego, una buena “cabeza”.<!--[if !supportFootnotes]-->[8]<!--[endif]-->

A decir del propio Salvador Borrego, la intención del pie de foto, era comunicar a los lectores tanto su principal labor como “cabecero”, así como la capacidad de síntesis en su trabajo periodístico en el vespertino Últimas Noticias.
La fecha exacta de la publicación de esta fotografía no ha podido ser localizada entre los ejemplares viejos de las hemerotecas del país, sin embargo, Salvador Borrego recuerda que apareció aproximadamente en el año de 1939.

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<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]--> Novo, Salvador; La vida en México en el periodo presidencial de Adolfo López Mateos, Tomo II, México, ediciones del CNCA, 1994, páginas 422 a 424.
<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]--> Novo, Salvador; La vida en México en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas, México, ediciones del CNCA, 1994,
<!--[if !supportFootnotes]-->[3]<!--[endif]--> Novo, Salvador; La vida en México en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas, página 26.
<!--[if !supportFootnotes]-->[4]<!--[endif]--> Novo, Salvador; La vida en México en el periodo presidencial de Adolfo Ruiz Cortines, Tomo II, México, ediciones del CNCA, 1994, páginas 271 a 273.
<!--[if !supportFootnotes]-->[5]<!--[endif]--> Novo, Salvador; La vida en México en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas, páginas 26 y 27.
<!--[if !supportFootnotes]-->[6]<!--[endif]--> Blanco, José Joaquín: Protagonistas de la literatura mexicana, México, lecturas mexicanas, número 48, 1988., p. 336.
<!--[if !supportFootnotes]-->[7]<!--[endif]--> Novo, Salvador; La vida en México en el periodo presidencial de Adolfo López Mateos, Tomo II, México, ediciones del CNCA, 1994, página 424.
<!--[if !supportFootnotes]-->[8]<!--[endif]--> En el fondo Silvino Macedonio de la Hemeroteca Nacional se logró recuperar la fotografía publicada en Jueves de Excélsior, pero no hay referencias de la fecha de publicación, sin embargo, el propio Salvador Borrego recuerda que debió aparecer aproximadamente en el año de 1939.

2 comentarios:

Nacionalista mexicano dijo...

Muy buen artículo que nos da a conocer los orígenes de este gran mexicano.

Edgar Treviño dijo...

Leer sobre los inicios de Salvador Borrego es para mí una alucinación; es como indagar en el nacimiento de una auténtica leyenda.

Agradezco que hayan compartido esta fracción de la tesis en forma de articulo. Significa mucho para alguien como yo.

Por cierto, espero que el círculo de estudios no se quede olvidado como un estante polvoriento en el sótano.